Introducción



En Japón todo funciona casi a la perfección, la gente hace lo que tiene que hacer; los trenes funcionan; todo el mundo tiene trabajo, todos tienen dinero para vivir; de hecho, la pobreza extrema es casi inexistente, los chavales estudian y, según el último estudio de la OCDE, son los segundos mejores del mundo, las empresas japonesas están por todo el planeta y la economía japonesa es también la segunda del mundo; su tecnología se podía considerar en muchos aspectos como la más avanzada; Tokio es la ciudad más limpia (de las que he visto, está inmaculada), a pesar de ser la zona urbana más grande del mundo. Si das un paseo por la noche por los barrios más importantes de la capital, te das cuenta de que la gente disfruta de la vida: Tokio es conocida como la ciudad que nunca duerme.

A simple vista parece un lugar perfecto. ¿Cómo lo han conseguido? ¿Cuáles son los inconvenientes? Cuando empiezas a conocer a japoneses, a hablar con ellos y te cuentan que trabajan trece, catorce o incluso más horas al día sólo para que la empresa vaya bien, te das cuenta de que algo falla, ¿o no? En Japón hay una cultura de admiración por las empresas: cuando alguien se presenta, muchas veces se dice antes el nombre de la empresa y luego el de la persona. La empresa es lo más importante, hay que darlo todo por la comunidad, hay que seguir sus normas a rajatabla. En definitiva, los japoneses hacen lo que tienen que hacer sin titubear.

Cuando se está trabajando en una empresa, nadie se queja, nadie crea algo nuevo por peligro a meterse en líos, no hacen huelgas casi nunca. Por cierto, lo de la "huelga a la japonesa" es una leyenda urbana, no existe tal huelga. La estructura de las empresas es muy rígida, hay que hacerlo todo según está escrito en las normas. Eso sí, gracias a este sistema no suele haber conflictos: los nipones ante todo evitan el enfrentamiento directo. Los empleados, simplemente van a trabajar cada día, no se suelen quejar, llegan puntualmente y nunca se van a la hora: suelen hacer varias horas extras que se convierten en una obligación más que en una opción. Sin ir más lejos, la verdadera "huelga a la japonesa" consiste en no hacer horas extra.

Una de las formas preferidas de los japoneses para quejarse, para criticar aspectos de la empresa, es cuando están de fiesta bebiendo en los nomikai. Cuando vas con los colegas de trabajo y con los jefes a cenar y a beber, una vez entras en el bar estás oficialmente ebrio. Da igual si bebes agua o vino, puedes decir prácticamente lo que quieras porque todos están en "modo fiesta". Es el momento de expresar el honne.

Normalmente los japoneses consumen mucha cerveza y terminan metiéndose con su jefe delante de sus narices, buen sistema para tratar el estrés. Esto, aunque no lo parezca, es lo más normal allí. También hay otra norma no escrita: al día siguiente no se puede comentar nada sobre la noche anterior. Por eso, todo seguirá casi igual, el jefe seguirá haciendo lo que debe como siempre y los trabajadores también, aunque haya cosas que no les gusten. Cambiar las cosas en Japón es difícil, todo va lento, hay que hacer mucho papeleo, todos tienen que estar de acuerdo, se hacen miles de reuniones. Pero cuando se hacen las cosas, suelen funcionar a la perfección, todo va bien.

¿Cómo hay que hacer las cosas? ¿Rápido y bien? ¿Rápido y mal? ¿Lento y bien (Japón)? ¿Lento y mal? Los japoneses suelen decir que hay que hacer horas extras para ayudar a la economía, hay que ayudar a Japón a salir de la crisis, hay que darlo todo por el país y por la empresa. Llega a ser una especie de obsesión.

La conclusión es que en Japón todo el mundo sigue el cauce del río, la burocracia es muy rígida y todos siguen las normas estrictamente. Todo suele funcionar a la perfección, es admirable, pero siempre hay cosas que se pueden mejorar y, por miedo a ser rechazado por la sociedad o la empresa, nadie hace nada para cambiar las cosas. Hay muchos problemas con el exceso de trabajo, con la prostitución infantil, con los yakuza, con los suicidios... por poner sólo algunos ejemplos. Casi nadie dice nada, nadie hace nada, como si no pasara nada, como si fuera normal. Se limitan a seguir el camino trazado sin complicarse la vida. Algunos antropólogos dicen que los japoneses son como las hormigas, porque siguen siempre los mismos pasos de forma organizada y todo transcurre sin percances: el gran problema es que, si cae una gran piedra en el hormiguero, puede ser el caos total.

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