La economía japonesa después de la guerra

Dicen que la economía japonesa es una de las más difíciles de entender, la verdad es que es bastante misteriosa y muchas veces se comporta justo al revés de lo que cabría esperar. Al acabar la guerra, Japón estaba en la ruina, en la capital, Tokio, apenas quedaron un 10% de los edificios en pie y lo mismo sucedió en otras ciudades como Hiroshima o Nagasaki. Pero al cabo de apenas 20 años Japón se convirtió en la segunda economía mundial, y hoy todavía lo continúa siendo. Actualmente sigue produciendo aproximadamente un 70% del PIB de todo el continente asiático, seis veces lo que produce China. Estas cifras representan el doble de lo que produce Alemania y solo es superado por Estados Unidos.

El secreto del éxito
El gobierno estadounidense ayudó mucho a Japón durante los 60 y 70 con inyecciones económicas y acuerdos comerciales, el gobierno nipón adoptó políticas proteccionistas e incentivó la industria privada para salir de la crisis. Durante esos primeros años posteriores a la guerra surgieron muchas metodologías, conceptos y formas de trabajar en el mundo empresarial que han pervivido hasta nuestros días. Por ejemplo, el concepto de keiretsu está considerado como una de las claves del milagro de la economía japonesa de post-guerra. Keiretsu son grupos de empresas que trabajan muy unidas, intentando no hacerse la competencia entre ellas y cooperando para ganar dinero juntas. Las empresas del mismo keiretsu siempre se ayudan para salir adelante. Además, muchas de las compañías del grupo suelen compartir parte de su capital social.

Formando un keiretsu
Para formar un keiretsu lo normal es tener un banco que ayuda a todas las empresas que participan en él, para invertir, crear nuevas líneas de negocio, etc. Otro de los papeles del banco es la de proteger a las empresas del grupo ante una posible OPA hostil. Después de la guerra se formaron seis keiretsu principales: Sumitomo, Fuyo, Mitsui, Mitsubishi, Dai-Ichi Kangyo y Sanwa. Por ejemplo, algunas de las empresas del grupo Mitsui son Toshiba o el banco llamado Mitsui-Sumitomo.

Después de muchas décadas de colaboración, Toyota se ha convertido en la empresa automovilística número uno del mundo. Toyota es tan líder que en el 2006 ganó cinco veces más dinero que la suma de los beneficios de sus 8 competidores más directos. Una de las claves de Toyota, aparte de estar protegida por un keiretsu, es que aplica a todos los niveles un estricto sistema de mejora continua kaizen.

Posteriormente, muchas empresas extranjeras han "copiado" en cierta forma el modelo keiretsu, por ejemplo las alianzas entre aerolíneas, General Electric o conglomerados formados alrededor de grandes bancos, es más o menos el mismo concepto, aunque en el caso japonés la colaboración es mucho más cercana y los entresijos financieros son totalmente diferentes, los keiretsu japoneses son únicos.

Por encima de los seis grandes keiretsu (cada uno de ellos controlado por un gran banco) se situó el MITI (Ministerio de Comercio Internacional e Industria). El MITI japonés está considerado como el ministerio con mayor influencia directa sobre la economía de un país pues está capacitado para dar órdenes directas a ciertos kairetsu para que dupliquen la producción durante los siguientes meses o que ayuden todos a tal o cual sector a salir de una crisis.

La imagen mental que deberíais tener en estos momentos de la estructura económica del país es la del gobierno japonés, encabezado por el MITI, con trato especial por parte de los Estados Unidos y controlando toda la industria japonesa a través de seis bancos del país. Digamos que se unieron todos para sacar el al país de la miseria, donde el gobierno intervencionista y proteccionista controlaba los precios de importación (tenían el poder para hacerlo) y ayudaba a la exportación.

El boom Izanagi
Durante los años 60 llegó bastante inyección de dinero por la guerra de Corea, y desde el 1965 hasta el 1970 se pordujo un boom económico conocido en Japón como Izanagi. Durante el Boom Izanagi el PIB creció a un ritmo del 11%-13% anual, al final del mismo (1970) el PIB japonés era un 70'4% mayor que al comienzo (1965). La clave, durante los años 60 y los 70, fue aumentar la producción y exportar indiscriminadamente. Tras el Boom Izanagi la economía siguió creciendo pero a un ritmo más moderado (4%-6%), en gran parte por culpa del petróleo. Aun así, Japón superaba a los Estados Unidos, cuyo crecimiento se situaba entorno al 3%-4% durante aquellos años.

El Boom Heisei
A finales de los años 80 se produjo el segundo gran boom económico, llamado Boom Heisei. Una de sus claves fue la producción y exportación de aparatos electrónicos y coches. En 1990 la economía japonesa se disparó, tenían la mayor renta por cápita del mundo, en Tokio se respiraba riqueza (los más viejos del lugar cuentan como no había ningún mendigo por las calles), las clases bajas casi desaparecieron, los pisos de 80m2 en Tokio pasaron a costar el equivalente a algunos millones de euros de ahora, los japoneses tenían dinero y se dedicaban a ir de fiesta en fiesta y a viajar por todo el mundo con flamantes cámaras de fotos producidas por su propio país. Tokio se convirtió en la ciudad con mayor PIB del mundo por delante de París y Nueva York, y lo sigue siendo hoy en día.

Pero todo se comenzó a desmoronar a principios de los noventa, cuando la bolsa empezó a caer en picado, en el 1992 el PIB también comenzó a bajar, los sueldos disminuyeron, los inversores extranjeros desconfiaban y Japón entró en la crisis. Esta situación de crisis dio lugar a un fenómeno poco conocido en sociedades avanzadas, la deflación. A finales de los 80 una cerveza costaba 500 yenes en el centro de Tokio, hoy en día sigue costando 500 yenes. El precio de las casas también empezó a bajar, y estuvo 16 años consecutivos bajando en el área de Tokio, en 2006 los precios inmobiliarios subieron por primera vez.

La crisis de los 90
Los últimos 50 años de Japón han estado marcados por dos booms económicos y una fuerte crisis: El Izanagi a finales de los 60, el Heisei a finales de los 80 y la gran crisis de los años 90.

Actualmente Japón lleva desde 2002 en expansión, estamos en el periodo expansivo más largo desde la segunda guerra mundial. El problema es que el ritmo de crecimiento es muy lento y la gente sigue siendo pesimista después de una década de crisis, el consumo interno está por los suelos.

Durante el periodo Izanagi las exportaciones fueron la base del crecimiento económico. En cambio, el Heisei se basó principalmente en un espectacular incremento del consumo interno porque los japoneses tenían muy buenos salarios, mucho dinero extra y deseaban vivir mejor. Este incremento del consumo interno hizo que Japón tuviera que importar mucho, procesar y crear nuevas tecnologías para luego venderlas a los nipones que ansiaban saciar su sed consumista. Todo fue bien mientras duró el Heisei, los sueldos seguían creciendo, la demanda aumentaba, las empresas crecían...

Los hechos se precipitaron a principio de los noventa, cuando ciertos movimientos en la bolsa comenzaron a quebrar la confianza de las grandes corporaciones, que estaban bastante endeudadas en aquellos momentos, los sueldos dejaron de subir y como consecuencia el consumo interno comenzó a bajar, el resultado fue que la balanza se desequilibró totalmente. En 1992 Japón ya tenía un exceso de oferta, que no ha sido equilibrado por la demanda hasta el 2005. Otra de las razones más importantes, es que Japón siguió llevando a cabo políticas proteccionistas que no dejaban la entrada de capital extranjero libremente, estrategia que les había funcionado muy bien durante la época de la guerra fría pero con las nuevas reglas que comenzaban a gobernar el mundo global los métodos tradicionales japoneses tuvieron un efecto muy negativo en su economía.

Recuperándose de la crisis
En el año 2000 cambiaron ciertas leyes y se abrieron por fin las puertas a empresas de fuera, comenzó a entrar capital de bancos de inversión estadounidenses (entre otros países) y en 2001 Japón comenzó a levantar cabeza. Durante los años de crisis, los sueldos siguieron bajando, los tipos de interés cayeron hasta llegar a niveles de 0'algo%, el exceso de oferta provocó que los precios bajasen sin parar.

Las bajadas de tipos de interés y las nuevas medidas que ayudaron a que el mercado japonés se abriera al nuevo mundo global parece que surtieron efecto. En el 2001 el PIB subió un 0'1% y el porcentaje se fue incrementando hasta el 2007 con un 2'7%. Actualmente el PIB crece a un ritmo anual entre el 2% y el 3%, el desempleo se sitúa entorno al 4%, los beneficios de las empresas suben y desde hace poco se han implantado nuevas leyes que ayudan a la creación de nuevas empresas hasta el punto que, ahora mismo, se puede crear una sociedad en Japón con tan solo 1 yen de inversión inicial. La deflación parece que está desapareciendo, aunque el gobierno aún no lo hace oficial, la debilidad del yen está ayudando a las exportaciones, y en general parece que Japón ya está superando la crisis de los años noventa.

Japón tras la crisis
Pero no es oro todo lo que reluce y actualmente sigue habiendo nubes sospechosas que minan la confianza de los japoneses. Los sueldos continúan bajando, desde el 97 han bajado más de un 10% de media. El salario medio japonés se sitúa ahora mismo en unos 2700$ al mes, en Tokio el salario es bastante más alto y ahora mismo ronda los 4200$ mensuales de media. (¿Y eso es el salario mínimo? Ahora voy volando a Tokio a trabajar). Salarios relativamente bajos comparados con los de hace unos años, con lo que la gente sigue reacia a consumir, el nivel de ansiedad pública sigue subiendo y el índice de confianza del consumidor se desploma. La actual economía de Japón favorece a las empresas pero no a la gente. Una de las consecuencias es que el reparto de la riqueza se está empezando a desequilibrar pro primera vez desde hace décadas, los ciudadanos no confían en el gobierno ni en el sistema de pensiones, la población está envejeciendo a gran velocidad y el gobierno no tiene un plan concreto para solucionarlo. Además, Japón está más endeudado que nunca.

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